La vuelta y el reencuentro.
Seré yo el primero en escribir pues AgeR no ha vuelto aun.
He vuelto del largo puente de la Constitución, y movido por el temor a que el tiempo empeorase he salido antes de lo previsto, así que a las 16:00 ya me encontraba en la puerta de casa, en lugar de las 20:00 como suele ser lo normal cuando vuelvo del fin de semana.
Antes de abrir la puerta ya he notado cierto... como decirlo... hedor, y al abrir la puerta se han confirmado mis sospechas, el piso apestaba a muertos, quizás fuera debido a que hace una semana que AgeR y yo limpiamos la parte que nos tocaba y los otros no han limpiado nada y se han dedicado a ensuciar aun mas si cabe.
He llegado a mi cuarto, cerrado con llave, no por el temor a robos, sino para que no entre mas suciedad de la que me toca, he comenzado con mi rutina del retorno, he dejado los trastos en la habitación, encendido el ordenador, he cogido el móvil para comunicar a mi intranquila madre que ya había llegado, y presto me he dirigido al baño pequeño en el que esta la lavadora, para ponerla con toda mi ropa sucia, y al salir, para ponerle comida al pez de AgeR, !!!tachan!!! sorpresa sorpresa, ¿quien estaba en la puerta de la habitación de AgeR?, una inquilina nueva, tostada y patas arriba, para los menos avispados, una cucaracha, hacia mas de 5 meses que no se veía una, pero creo que alguien la ha invitado por medio de efluvios pestilentes, esta ha sido la primera y ultima visita que nos hace, pues ha fallecido después de una rociada de armas químicas.
Después del trágico suceso de la “visitante”, he querido comprobar el estado del cuarto de baño grande, y como sospechaba, echo una pocilga, ropa sucia por el suelo, una toalla usada en el pomo de la puerta, la alfombra de salir de la bañera con un color que en nada recuerda a sus orígenes blancos e inmaculados, y como no, la alfombrilla de la bañera antiresbalones puesta, para servir de caldo de cultivo a hongos y demás porquerías, al menos las cortinas nuevas, aun resisten.
Por propia iniciativa me he recluido en mi cuarto para no tener la tentación de tirar a nadie por la ventana.

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